martes, 6 de junio de 2017

A PROPÓSITO DEL 202 ANIVERSARIO DEL NATALICIO DE DUARTE

Hoy, como cada 26 de enero, muchos dominicanos desbordan a través de las redes sociales con frases y pensamientos de Juan Pablo Duarte, padre libertador de la República Dominicana y yo me pregunto: ¿Llevarán acaso los ideales de Duarte en su diario vivir?Los miembros de la Trinitaria no eran ningunos gallos locos como lo son los Ultranacionalistas que han surgido últimamente a causa de la supuesta invasión haitiana que juran que existe. Le han metido en la cabeza a la gente que existe un Éxodo masivo en la frontera y que los haitianos se quieren tomar el país y no se cuantas cosas más, y para esconder su discurso racista, mencionan al patricio y su lucha independentista.Los escuchas decir por todos lados que los haitianos tienen un plan para tomar la República Dominicana, que solo están esperando un aviso (al parecer todos poseen sofisticados aparatos de comunicación) para tomar este país, que a todos les meten la idea en las escuelas allá que este lado de la isla les pertenece, que el haitiano odia al dominicano… En fin, el verdadero trastorno obsesivo con delirios graves de persecución.


Le pregunté una vez a un amigo con el que conversaba aquí en casa, ¿que si no se ha puesto a pensar que una persona que tenga que salir todos los días con una ponchera de aguacates en la cabeza, o a picar calles o a pegar blocks en una construcción donde le mal pagan, que tiene que vivir el día a día para, suplir sus necesidades más básicas no tiene tiempo para idear un plan de invasión? – No obtuve respuesta.


El dominicano cree que patriotismo es odiar a los haitianos. En el discurso de la mayoría de los que defienden esta postura se siente el sentimiento racista, porque si nos fijamos bien, el dominicano odia al haitiano por ser negro, ¡Ja! como si fuéramos blancos.


Cuando examinas y lees con buen juicio la vida y obra de Juan Pablo Duarte, puedes darte cuenta de que el odio hacia el pueblo haitiano no existía en el prócer y ahora que compartimos la isla, ¡Ay de ti que le digas a un dominicano que debemos tratarnos como hermanos! La furia y el desprecio que conseguirás con su respuesta estará a niveles inimaginables. Te dirán que el país está plagado de haitianos y que el gobierno tiene que hacer algo para enviarlos a todos para Haití; porque como dijo Gabriel del Gotto en Twitter: “Como ellos son el único problema, si enviamos a todos los haitianos a su país inmediatamente RD se convierte en la Suiza del caribe.”


Al dominicano no le luce hablar de inmigrantes, porque hasta donde no viaja la gente andamos metidos, y no precisamente llegamos de manera legal a los lugares. Los escuchas decir que los hospitales de la frontera están llenos de haitianas pariendo, ¡pero COÑO!, si donde estas no tendrás los cuidados necesarios lo buscas donde puedas, como si las que dicen eso tuvieran oportunidad de ir a parir a USA lo harían aquí. ¡Sa!


Como dice mi amiga Carmen Mosquea, la migración es un movimiento natural de las personas. La gente migra para mejorar su calidad de vida. ¡Nadie que está bien en su país se mueve para mal pasar en otro! Y se la dan en muy católicos y religiosos, pero no le pueden tender la mano a nuestros hermanos haitianos, por caridad, por humanidad.A una compañera de la universidad, que denotaba el mismo discurso racista y de odio expuesto anteriormente, y que lo quería justificar con patriotismo en una clase, le hice la siguiente pregunta: ¿En que facultad de la Universidad Autónoma de Santo Domingo se encuentra nuestra carrera de Psicología?, ella me responde: – en la facultad de Humanidades. Y le digo: ¿te fijas? En la facultad de Humanidades, no en ciencias políticas, ni en ciencias económicas, es en humanidades. Espero que haya entendido el mensaje.Yo no tengo problemas con que la gente quiera defender la Patria, el problema es que a la Patria no hay que defenderla, hay que hacerla diariamente no tirando basura en la calle, pagando los servicios, no maltratando los espacios públicos, respetando las leyes de tránsito, procurando que los servidores públicos y funcionarios del gobierno cumplan con sus deberes para con el pueblo, no vendiendo el voto, y muchas acciones más que a los nacionalistas locos que han salido últimamente no parece preocuparle en lo más mínimo, o por lo menos eso no lo consideran Patria. Para ellos Patria es ese “no se qué”  que quieren tomar por la fuerza los haitianos.


Antes de ser dominicana soy humana. Honestamente el patriotismo a mi ya se me fue a los pies por la incoherencia que existe a la hora de definir Patria aquí  en República Dominicana. No entiendo como se dicen ser tan patriotas si quizás nunca salieron a protestar por el 4% del PIB para la educación, o en contra de la Barrick en Pueblo Viejo. Para mi el término patriotismo me parece un poco pesado, ya no me enorgullece para nada decir que soy dominicana, prefiero autodenominarme como una ciudadana del mundo, más que nacionalista rancia, humana.

La mala fama del enojo

El enojo no es tu enemigo, por el contrario, te señala algo que duele y que tarde o temprano deberás enfrentar.

La mala reputación del enojo como una emoción considerada desagradable, arranca allá en la primera infancia cuando se nos limitaba o acusaba de malos si expresábamos una emoción no aceptada por todos. Se nos enseñaba a dividir estás expresiones emocionales en buenas o malas, motivando el entierro de las “malas”.

Tal es el estigma y el temor de quedar sospechados de malos, “mala onda” o ciertamente desagradables que optamos por negarlo conscientemente (o no), simplemente limpiamos estas emociones de nuestra máscara personal.
 

Expresiones como “yo no me enojo nunca”, “estoy triste, no estoy enojado”, son comunes de escuchar y la gente va moldeando el mejor de los personajes siempre contento de la fachada puertas afuera.

El castigo por mostrar el enojo pudo ser el rechazo de mamá o papá, la desaprobación de la maestra o el portazo de tu jefe y hasta el mote de mala onda de tus amigos.

Al enterrar nuestros enojos no solo no desaparece la causa sino que nos perdemos de indagar el motivo real del mismo, que nunca está fuera de nosotros, sino en nuestra herida. Nos perdemos de sabernos en ese enojo y también solo lo perpetuamos para que estalle vivito y coleando en otra ocasión que se torne favorable a su aparición.

El enojo y la rabia son emociones tan dignas y aceptables como cualquier otra de las que contamos pero nuestro error se asienta en calificarlas de buenas y malas, en eso comenzamos a taponar el fluir natural de las mismas y la consecuencia es más rigidez de nuestra máscara.

El enojo no es tu enemigo, por el contrario te señala algo que duele y que tarde o temprano deberás enfrentar.

Por: Claudia Chirino
Psicóloga transpersonal especializada en el tarot como lenguaje del alma, psicogenealogía y niveles de consciencia. Creadora del Método Almitas, una manera nueva de trabajar el espíritu en forma grupal, virtual y presencial con talleres en distintos puntos de la Argentina. Facebook: “Método Almitas” E Mail: claudiachirino@hotmail.

Via: animalespiritual.com